COMMUNE

Commune es un proyecto donde 12 de los arquitectos más reconocidos actualmente en Asia han construido cada uno una casa que hace las veces de cuarto de hotel y museo de arte contemporáneo. Todo con vista a la Muralla China y a menos de una hora de Beijing.

Por Jorge Carrión | noviembre 2005 | Tags: , , , ,
La originalidad del proyecto Commune by The Great Wall impide siquiera clasificarlo. No tiene habitaciones numeradas según el piso correspondiente, de modo que no es un hotel convencional, pero tampoco es un “aparthotel” ni nada por el estilo, porque las casas que lo componen son todas distintas, y rechazan cualquier intento de etiquetarlas.

Sus creadores lo definen como un “museo de arte contemporáneo de casas privadas diseñadas por doce arquitectos asiáticos” o “una colección privada de arquitectura contemporánea exhibida en la Bienal de Venecia 2002 y en el Centro Pompidou de París”. Pero al fin y al cabo son casas que se alquilan por noche, y que poseen todas las comodidades de un hotel de lujo.

A Commune se accede por la autopista que, desde Beijing, conduce hacia la zona de la Gran Muralla China conocida como Badaling. Se trata de su tramo más turístico, a causa de su proximidad con la capital (poco más de 70 kilómetros), poblado de banderas, tiendas de souvenirs y restaurantes con la muralla más famosa del mundo como telón de fondo.

Completamente restaurada, la muralla poco tiene que ver con las piedras que presuntamente defendían el imperio de los bárbaros del norte —en realidad era mucho más fácil sobornar a guardias y soldados que destruirla—. Simbólicamente, también debía detener los vientos del norte, portadores de lo negativo.

12 casas, 12 conceptos

Una vez pasado el control de seguridad, se pueden ver las primeras casas. Pero antes hay que dirigirse a la recepción. Se encuentra en el complejo de servicios conocido como Club House, la primera de las casas, concebida por el arquitecto surcoreano Seung H-Sang. Incluye un lounge, un restaurante para 200 personas y un bar, metido entre enormes vidrieras que permiten que la naturaleza (colinas cubiertas de arboledas) penetre en sus salones presididos por la madera. Vista desde fuera, la construcción recuerda los pabellones del icono del bauhaus Mies van der Rohe: el imperio de la horizontalidad, reflejado en superficies blancas o acuáticas.

En la mayoría de las edificaciones, como ocurre en gran parte de la arquitectura privada contemporánea, se impone lo horizontal, de modo que los blancos, grises y las maderas de los muros no distorsionen la armonía del paisaje. Todas las casas se caracterizan por su apertura al paisaje, por su condición de hogar transitorio y de museo abierto al turismo; fluctúan de manera constante entre el espacio público y el privado. Muchos de los cuartos de baño, por ejemplo, son inundados por la luz del sol. Se pueden ver las montañas y el cielo mientras uno se baña. Y pueden ser los primeros rayos del sol quienes lo despierten a uno en la mañana. Quizá la casa que pone el mayor énfasis en esa interacción sea la See and Seen House, obra del chino Cui Kai, en la cual el vidrio ocupa las paredes y los ángulos imprevisibles ofrecen impensadas perspectivas. También en la Forest House, del japonés Nobuaki Furuya, se impone la transparencia en una enorme galería que muestra todo el salón, en cuyo interior uno se siente en una pecera gigante rodeada de verde vegetal.

Cada casa tiene su concepto fundamental, su seña de identidad, a menudo evidenciada en el nombre. La Furniture House, de Shigeru Ban (Japón), tiene la delicadeza de una pieza de marquetería, y la audacia de una semicúpula central. The Airport, del arquitecto taiwanés Chien Hsueh-Yi, simula las tres terminales de un aeropuerto trasplantado a dos kilómetros de la Gran Muralla. The Twins (Kay Ngee Tan, Singapur) consiste en dos casitas idénticas, con terrazas gemelas orientadas hacia baños de sol. Bamboo Wall, del japonés Kengo Kuma, posee uno de los interiores más espectaculares de Commune: la caña de bambú se dispone en cuadros abstractos realmente bellos, que se espejean en los suelos de mármol. La Cantilever House, del venezolano nacionalizado chino Antonio Ochoa, es una casa cúbica que se asoma al extremo de un barranco para acentuar su carácter “voladizo”. La Suitcase House, del multipremiado arquitecto de Hong Kong, Gary Chang, también juega con el equilibrio imposible. Se trata de una caja de madera con varias cajitas en su interior: al levantar la tapa del suelo aparece el dormitorio, el cuarto de baño, la cocina; las paredes corredizas inventan espacio.

Chang, autor de la Cinemateca Broadway de su ciudad y de otros muchos proyectos en Europa, Medio Oriente y Asia, es uno de los nombres importantes de la arquitectura oriental de la actualidad. Pero de hecho los doce nombres reunidos en este original hotel constituyen una posible selección ideal de la vanguardia asiática.

El uso cotidiano
Discretamente se despliegan por el recinto de Commune el equipo de seguridad y el de servicios. Las toallas, albornoces y jabones están dispuestos a la perfección. Los jardines son cuidados con esmero. Las sillas, mesas, camas y sofás que decoran las casas combinan colores y formas, la comodidad y el diseño. Desde las terrazas y balcones, el atardecer es impagable, con la luz agónica reflejándose en las superficies de las casas y la vieja muralla desapareciendo por la oscuridad progresiva.

Una vez superada la primera fase de admiración, se repara en que los materiales delatan el desgaste propio de los más de cien mil visitantes que han recorrido los espacios de Commune hasta el momento. Porque, en tanto que museo de arte contemporáneo, los turistas, curiosos y estudiantes de arquitectura pueden visitar las casas que no estén ocupadas (todos los días, de 9:30 a 17:30 horas). Y encima, es sabido que la vertiginosa fiebre constructiva que vive China tiene su principal sombra en la calidad de los materiales utilizados.

El desfase entre las intenciones megalómanas y los resultados realistas puede verse, además, en el hecho de que la piscina cubierta haya tenido que ser clausurada, porque era mayor el costo de manutención que el uso real por parte de los huéspedes.

Por otro lado, se celebran en la Club House conferencias y reuniones de negocios, sobre todo protagonizadas por multinacionales, tales como Sony, Audi o Visa. El signo de los tiempos.

Las invasiones bárbaras

En la Bienal de Venecia 2002 se le concedió un premio especial a la ideóloga e inversora principal de Commune, Zhang Xin, por “enfatizar el papel de doce arquitectos asiáticos en la construcción de casas privadas de una manera definitivamente contemporánea”.

Al fondo, reptando por las colinas, la Gran Muralla es un “elemento decorativo” sin comparación. En ciertos casos parece que podrían estar en el estado de Nueva York o en la Selva Negra. Se ha impuesto un estilo internacional de arquitectura contemporánea. Delicioso, inteligente, desafiante; pero intercambiable. La muralla más famosa del mundo fue concebida para proteger a China de los bárbaros y de los vientos del norte, pero no estaba preparada para detener una invasión planificada de ese estilo arquitectónico internacional, globalizado, infiltrado desde Occidente.

Commune by The Great Wall
Salida de Shuiguan
Badaling Expressway
T. 86 (10) 8118 1888
F. 86 (10) 6568 6313
www.commune.com.cn

Los precios oscilan entre los 900 dólares por noche de las casas con cuatro dormitorios (Suitcase House, See and Seen House, Distorted Courtyard House, Mud House) hasta 1 300 de las casas de seis habitaciones (Red House, Bamboo Wall), pasando por los 1?100 del resto (Furniture House, The Airport, The Shared House, The Twins, Forest House).