Sabores colores y amores de mi tierra

Por Ibelise Escobar Mendible- Desde Canberra Australia (Junio 2011)

Mi tierra, es el país que recibe cada día con aplausos. La preparación de nuestra tradicional arepa, junta las palmas de las manos todas la mañanas, para dar forma a la masa de maíz que nos alimenta.

Photo Ibelise Escobar

Mi arepa preferida, es la que viene acompañada de un suculento pescado frito; gusto heredado por mis primeros grandes amores.
En la mesa de mi familia, el pescado es una especie de institución y la búsqueda de su buena calidad y frescura, nos llevaba a la playa al atardecer, para esperar en primera fila el retorno de los pescadores, con el sustento de ellos y nuestro.

Mis padres nacieron en un pueblo costero de difícil acceso, por lo que la dieta de sus habitantes consistía básicamente, en productos del mar. Mi tía como toda una experta, se da el lujo de reclamar si el pescado que pide no es el mismo que le traen, esgrimiendo como argumento y con conocimiento de causa, la forma y tamaño de las espinas.

Photo: Ibelise Escobar

Ese pequeño pueblo, ubicado en el litoral central de Venezuela es para mí, lo más cercano al paraíso terrenal.
Hasta hace poco, su única conexión con el mundo exterior era la radio y de no ser por los satélites, quizás seguiría aislado.
No había líneas telefónicas, ni señal de televisión. Ya era yo una adulta, cuando mis ojos casi salen de sus órbitas al escuchar a un vendedor ambulante, ofreciendo los diarios más importantes del país.
Todavía en temporada alta, escasean los alimentos por la alta demanda de los turistas que sin ser muchos, alcanzan para acabar con lo que hay.

Photo: Ibelise Escobar

Pero ¿quién quiere mirar la televisión, en lugar de bañarse en aguas termales que funden su cauce con las corrientes frías en medio de una selva cuya tranquilidad sólo es interrumpida por el sonido del río rozando las piedras? ¿Quién necesita leer el diario en una lancha que surca los mares para alcanzar el disfrute de arenas blancas y aguas cristalinas? ¿Quién necesita un teléfono para oler el aroma de los bambúes? ¿Qué modernidad puede sustituir la dulzura de la uva de playa, cubierta de salitre?

Photo: Ibelise Escobar

Por nada cambio El Pozo del Cura y las leyendas que nos hacían respetar su presuntamente inmedible y peligrosa profundidad.
Nada se compara con Las Dos Puertas formadas por rocas enormes y atravesadas por aguas inexplicablemente heladas para un clima tropical.
Insustituible, es La Ponchera y las once cascadas que logramos contar mi hermana y yo, en un intento de exploración frustrado, por lo accidentado del camino.
Incomparable, es la sensación de sentir en el rostro el aletear, de un alcatraz en vuelo.

Photo: Ibelise Escobar

Por eso llevo clavados en mi corazón donde quiera que voy, los sabores, colores y amores de mi tierra.

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